"Seamos libres, lo demás no importa nada" Libertador General San Martín

lunes

Crispación

por laura alcoba y marcelo yaquet

La coherencia Bergogliana, fiel a la tradición de la Iglesia-Institución con su Sede Central en Roma, propone no crispar a la sociedad. Como si Jesús, hijo de Dios, no hubiese crispado el tejido mismo de la historia mundial, o como si Jesús no hubiese crispado todas las dimensiones sociales y humanas del Imperio Romano en su momento.

La Iglesia-Institución y los medios de comunicación de la dictadura, representan parte cardinal del bloque que ostenta el poder. Esta iglesia gerenciada por el Cardenal (que intenta hoy librarse de culpa) es la antípoda de la Iglesia-Pueblo. La irritación Bergogliana es producto del enfrentamiento a la luz del día entre dos proyectos de país: el de 1976 al 2003 vs. 2003 al 2011. El proyecto que inaugura la Dictadura Militar que se rompe en 2003, significó la apropiación de nuestra patria por un modelo económico neoliberal conducido económicamente e ideológicamente por esa línea histórica resiente que va desde Martinez de Hoz a Domingo Cavallo.

Dicha etapa de valorización financiera, propició la conformación de un bloque de poder hegemónico que incluía a los medios masivos de comunicación (del cual ya no quedan dudas acerca de su grado de complicidad), al capital concentrado local y extranjero, a los intereses de la oligarquía terrateniente, a la Iglesia-Institución y al sector militar pro-norteamericanos, en pos de conducir la mayor estrategia de disciplinamiento de los sectores populares.

El principal objetivo de esta alianza fue diagramar la “revancha clasista”, partir del congelamiento de salarios, eliminación de control de precios, destrucción de todas aquellas condiciones objetivas que condujeran al movimiento de trabajadores a organizarse, a avanzar enalteciendo el nivel de sus disputas, a animarse a exigir lo que les pertenece. Para ello la desaparición forzada y al arrebato de todo derecho conquistado, para ello una dictadura militar, una brutal transferencia de ingresos del Trabajo al Capital y un retorno al casillero para volver a empezar.

Esta conciliación de intereses, creemos hoy, es lo que ha entrado en crisis.

Cómo entender sino que los hijos de Ernestina Herrera de Noble, figura central del poder heredado desde aquella época, hayan sido identificados como lo que son: hijos apropiados de manera ilegal a personas detenidas y desaparecidas durante el Gobierno Militar; o cómo entendemos que la empresa que controla el monopolio de medios gráficos -Papel Prensa- recompensa al “buen manejo” de noticias, esté en la actualidad en tela de juicio, tanto como la legalidad de su maternidad.

Cómo entender que muchos de los jueces cómplices del avasallamiento dictatorial con responsabilidad en el ejercicio ilegal de la tortura y de la muerte, estén jugando sus últimas cartas en el chantaje al Estado para evitar ser juzgados; cómo leer los arrebatados pasos en falso de un Cardenal desesperado, que hasta hace unos días soñaba con pisar la “Santa Sede”, y hoy se contentaría con dar vuelta la hoja de la historia.

Cómo entender que frente al Banco Central de la República Argentina haya una militante que se proclama activista pro-desarrollo, a favor del trabajo y la justicia social; cómo entender un 24 de marzo, la plaza rebalsando de pueblo como hace tiempo no pasaba, miles y miles ratificando la imposibilidad de destitución alguna, más allá de disparatadas fantasías de editores y columnistas del órgano oficial que responde al bloque narcomediaticoagrosojerofinanciero de La Anti Nación.
Muchos indicios de estar ganando la pelea, fortalecen el convencimiento de los pasos acertados hasta aquí, así como de la necesidad de batallar e ir por más.

Necesitamos una reforma de la Ley de Entidades Financieras que devuelva las potestades al Estado para regular la actividad favoreciendo la actividad productiva por sobre la especulativa. Necesitamos parar la expoliación de los Recursos Naturales y ponerlos al servicio del desarrollo productivo nacional. Acrecentar la intervención del Estado redireccionando recursos en pos del desarrollo productivo diversificado que ponga tope -de una vez y para siempre- a los monopolios y oligopolios que manipulan precios a su antojo y se benefician con aumentos de precios, interpretando que la participación de los más pobres en el consumo opera como un simple subsidio más del Estado del cual apropiarse a su antojo, limitando sin culpa alguna que mejoren los estándares de vida las familias más pobres (a pesar que después intenten llenarse la boca hablando de ellos).

Debemos ser conscientes que esto se lleva a cabo con mayor participación y organización de los trabajadores, lo cual dará cuenta de la derrota final a la dictadura militar, en tanto la esencia misma de su intervención en los ´70 fue, sin duda, derrotar el grado de organización político social de los trabajadores y el campo popular, en pos de limitar su participación en el ingreso volviendo a nuestro país más regresivo e inequitativo en la distribución.

La crispación bergogliana y la insensatez de una oposición “sin caramelos en el frasco”, se producen solo por la posibilidad real de que la clase trabajadora defienda sus intereses enfrentando los intereses del capital.

Si no veamos lo significativo del grafico 1.


Este cuadro da muestra cabal que la crispación es sinónimos de puja de intereses entre determinados sectores sociales enfrentados históricamente. Es literalmente gráfica la lucha de clase, y esta no es un invento marxista, es un producto de las relaciones sociales que reproduce el sistema capitalista en forma inhumana y salvaje, donde el más fuerte se come -como es costumbre- al más débil, y ya.

La Etapa Actual

El 17 de marzo la Presidente de la Nación, Cristina Fernandez dijo, en la unidad productiva recuperada CEMF de mataderos, que “…la Argentina es también una gran fábrica recuperada, una gran fábrica que en algún momento se cerró; una gran fábrica que supo ser líder en materia de construcción, de ferrocarriles, de aviones, de premios Nobel, de energía nuclear, en materia de marina mercante, en materia de producción. Llegamos a ser el PBI más importante de toda Latinoamérica, fuimos una gran fábrica. Y hoy que hemos recuperado y hemos abierto esa fábrica, yo les aseguro, yo les prometo que cueste lo que cueste esa fábrica va a seguir abierta y funcionando, no la van a cerrar más...”. Palabras que caracterizan acertadamente la etapa actual de recuperación que estamos atravesando, en la cual Argentina necesita recuperar cada una de las cosas que se le saqueó y se le sigue saqueando, incluido su territorio nacional, las Islas Malvinas, ocupado hasta hoy por una fuerza extranjera de larga trayectoria piratera.

Ahora bien, para esto es necesario saber de qué se debe discutir, hacia donde se debe ir.

El discurso que viene desparramando el Secretario General de la CGT un tanto en solitario, puede hoy ser considerado lo más avanzado en términos de planteo político, aunque todavía no estemos frente a un nivel de movilización social contundente que pueda sustentar la realización en la práctica concreta de esas pretensiones reivindicativas. Cada vez más, se hace presente la mención sobre recuperar desde la clase trabajadora su fin primordial recuperación lo que le corresponde a la participación salarial, volver a exigir desde la calle y con consciencia aquellos niveles históricos arrebatados.

Pero las condiciones hoy, nos llevan a la defensa del poder adquisitivo del salario, sin duda primordial y urgente, obligando -desde una nueva alianza hegemónica Estado/Trabajadores- a que los sectores empresarios busquen otras alternativas a las actuales, aquellas de traducir cada reclamo o victoria sindical en una pérdida del poder adquisitivo del salarios vía suba de precios. Para ello, es preciso madurar la actividad sindical, trabajar en pos de la afiliación masiva, imprimir en cada trabajador y junta interna un nuevo sentido de pertenencia de la organización sindical, para lograr superar la lucha gremial por la lucha político-económica, fortaleciendo el Proyecto Nacional y concretando la necesaria profundización. Edificar la base desde la cual construir la fuerza que permita a la clase trabajadora avanzar en la estrategia de conducir para sí los destinos del país.

Hace pocos meses, en un intento ridículo de pluralidad, la referente de la Coalición Cívica Libertadora, afirmaba que su espacio garantizaba la presencia de referentes de “centro derecha” y “centro izquierda”, que cada cual tenía facultades, roles y funciones característicos a su pertenencia ideológica; que la economía es cosa que la izquierda no sabe manejar, pero que ellos podrían ejercer muy bien secretarias de derechos humanos, políticas sociales, etc. Más allá de sus características desequilibradas, nos interesa ver allí algo que es síntoma de otra cosa, y que nos cuesta empezar a dirimir en nosotros mismo, todo un cúmulo de falsas verdades fruto de treinta años de ortodoxia político-económica en nuestro país. Ese debate resurgió con motivo de la supuesta independencia que tiene que primar en el Banco Central, por la llegada al directorio de una referente que se sitúa en las antípodas del pensamiento liberal, que suscitó crispaciones y manifestaciones delirantes al pretender poner al servicio del Estado la institución. Pero claro, suponía tocar el bastión de la noche neoliberal, el principal sustento de los defensores del monetarismo y su desgracia, propagando la falsa creencia de que el Banco Central era el lugar impoluto, con códigos, intereses y políticas propias, que falsa antinomia entre política y economía era cierta.

El Banco Central en manos de una militante confesa, suena a posibilidad de poner dicha herramienta al servicio de la producción, de la justicia social y de los pueblos, a la materialización de una victoria, a símbolo importante de esta derrota, al consagrarse en su momento la autoridad monetaria fue eje central para la instauración de la valorización financiera.

La fuga de capitales, práctica que más caracteriza a la clase dominante argentina, da cuenta de su comportamiento desinteresado por cualquier proyecto de desarrollo nacional, y conduce hoy a su favor la estrategia que desarrolla la oposición que no tolera en el ejercicio de las funciones de dirección del Banco Central la presencia de un ajeno, que puede limitar la reproducción cínica de los que fugan, de los que conocen como única forma de valorización la timba financiera, los que no apostaron y no lo harán nunca, al desarrollo de la actividad productiva, para la generación de empleo y bienestar de su pueblo.

La tan temida inflación, que ha sido un instrumento central de disciplinamiento de los sectores populares tras los acontecimientos de hiperinflación en el ocaso alfonsinista, tuvieron un objetivo claro y una razón de ser político-económica, similares motivos a los que hoy establecen una clara divisoria: avanzar en los juicios a los responsables de la dictadura y arrebatar al Estado su patrimonio y capacidad de regulación de la economía a favor de los sectores populares.

En la actual coyuntura, la inyección de dinero fruto de la asignación universal por hijo (AUH) y otras, implicó una aumento concreto en la demanda de alimentos, ante la inserción de nuevos sectores al consumo, pero que en lugar de extender el aparto productivo o incrementar la productividad vía inversión, resulta en un incrementan fenomenal de los precios, unido a las maniobras antipueblo de los señores del ganado. Mientras se discute sobre si lo aceptan o lo niegan, establecen su veto a la distribución con incrementos sostenidos de los precios, de modo que erosionan los ingresos de la clase trabajadora y del conjunto de la población, empeorando la vida de los sectores populares a los que la AUH busca proteger.

Dada la concentrada distribución de la riqueza como rasgo estructural de la economía argentina, es fundamental recuperar sostenidamente el empleo, garantizando que los incrementos salariales superen la inflación y poder batallar por un incremento en la distribución funcional del ingreso.

Para esto, es necesario un Estado fortalecido, una clase trabajadora organizada, recuperar los intereses de clase para posicionarse en la disputa por quién se apropia de los frutos del crecimiento económico, impulsar mayor regulación hacia los sectores económicos dominantes, lograr los instrumentos apropiados para enfrentar la puja distributiva, y poder desgastar el comportamiento oligopólico de las cadenas productivas de alimentos, en manos de agentes muy habituados a la concentración económica.

Para la profundización del proceso político actual, es esencial pasar de una etapa de recuperación a una etapa de ofensiva, entender que son ellos los que están en retirada, y que somos nosotros los que debemos fortalecernos a través de cimentar una militancia que recupere y eleve la capacidad de discusión, que se forme y comprometa con valores éticos revolucionarios, desprendiéndose de todo liberalismo, pensando más en las masas, aprendiendo de ellas, orientándolas.

Nuestro deber es derrotar a la derecha con la organización popular, y para esto es necesario entender, como relataba Víctor Hugo Morales el gol cósmico de Maradona a los Ingleses en el ´86, que: “…el país debe ser un puño apretado gritando por argentina”

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